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VAMPIRISMO Y SERIAL KILLERS
Ricardo
Ham
Uno
de los mitos más atractivos e interesantes en la historia de la
imaginería fantástica ha sido el del vampirismo, mito rodeado
de terror, erotismo, religiosidad, literatura, etcétera. Sin embargo,
pese a todos estos elementos, el vampirismo es una simple leyenda inventada
por el hombre durante la Edad Media y estilizada en la novela Drácula.
Hoy en día la sociedad ha dejado de aterrarse con ese tipo de historias,
ahora tiene un verdadero monstruo acechando sus hogares, se trata del
Asesino en serie, un verdadero depredador que es capaz de matar sin miramientos
a decenas de personas.
La
galería de los asesinos seriales está compuesta por extrañísimos
personajes, desde tipos que hacían adornos domésticos con
restos humanos, hasta caníbales homosexuales, pasando por homicidas
de tendencias vampíricas, fusionando con ello a los dos grandes
depredadores humanos, el problema es que el serial vamp pudiera ser cualquiera
de nosotros y no sólo un personaje novelesco más.
Históricamente
la primera homicida con ideas sangrientas fue la Condesa Húngara
Erzebeth Bathory, para decepción de muchos no ingería la
sangre de sus víctimas sino que se bañaba con ella. Podría
decirse que Erzebeth era tan normal como cualquier otra persona hasta
que fue inducida al ocultismo por una de sus sirvientes de nombre Dorkó
(existen versiones encontradas sobre el sexo de este personaje) y despertó
en ella un sadismo increíble.
La
condesa Bathory fue siempre una mujer de gran vanidad y extrema preocupación
por mantener su belleza y repudiaba la idea de ver envejecer su piel.
Se sabe que su primera victima mortal fue una sirvienta que jaló
demasiado al peinarla y arrancó algunos de sus cabellos, la condesa
furiosa golpeó el rostro de la sirvienta con tal fuerza que la
hizo sangrar y parte de su sangre cayó en su mano, Elizabeth pensó
en ese momento que la sangre había brindado mayor juventud a su
piel y estaba convencida de que la fórmula para la juventud eterna
estaba en la sangre. Al más puro estilo Cleopátrico, la
condesa de Bathory se bañó en el líquido vital de
sus doncellas, asegurando que su piel había rejuvenecido; Erzebeth
encomendó a sus sirvientes que trajeran para ella chicas jóvenes
que usaría para sus baños de sangre. La llamada Condesa
Sangrienta inauguraba la relación entre las viejas leyendas europeas
y el sadismo placentero de los seres humanos.
Los
serial killers sienten una necesidad periódica de cometer asesinatos;
son incapaces de abstenerse, muchos de ellos tienen motivaciones sexuales
como en el caso de Ted Bundy o debido a desórdenes psicológicos
como los atribuidos a Henry Lee Lucas, otros casos como el de Charles
Manson carecen de una explicación lógica, pero sus atrocidades
parecen cosas de niños si se les compara con los crímenes
del alemán Peter Kürten quien anhelaba ser uno de los más
grandes vampiros de todos los tiempos.
Kürten
se ganó a pulso el apodo de "el vampiro de Dusseldorf"
al ser hallado culpable de la muerte y tortura de 29 personas con las
que practicaba el canibalismo y la necrofilia, se confesó responsable
de rapto, tortura y asesinato, así como de beber la sangre de las
víctimas lo que le producía una indoblegable excitación
sexual. Kürten fue sentenciado a muerte en 1929 tras un rápido
juicio en su ciudad natal, al escuchar el veredicto de pena capital, declaró:
"después de que mi cabeza haya sido cortada, ¿será
posible que tenga un instante para escuchar mi sangre brotando de mi barbilla?"
No
menos inquietante resulta el caso del británico John Haigh, quien
fue capturado y ejecutado por asesinar a 9 personas después de
confesar haber ingerido su sangre, un vaso de cada una, a las que asesinaba
y disolvía en ácido sulfúrico en el sótano
del número 79 de la avenida Glocaster. El mismo Haigh confesaría
lo siguiente antes de ser ejecutado: “No es posible, mis nueve delitos
deben tener explicación en algún lugar fuera de nuestro
mundo terreno. No es posible que sean absurdamente sólo el sueño
de un demente lleno de rumores y de furia”.
El norteamericano Richard Chase tenía la fuerte convicción
que la sangre que corría por su cuerpo estaba fatalmente contaminada,
sentía la necesidad periódica de beber y bañarse
con sangre ajena, sin importar el sexo o edad de su victima, lo único
que a él le interesaba era empaparse de ella para continuar viviendo
(se cree que alcanzó unos 10 homicidios). El caso del Vampiro de
Sacramento es magistralmente narrado por Robert Ressler en el libro “Whoever
fights monsters”, aquí un fragmento:
La noche del 23 de junio de 1978 la policía local informaba a Russ
Vorpagel, que David Wallin había llegado a casa y encontrado a
su esposa Terry, de 22 años y tres meses de embarazo, en la cama,
muerta, con el abdomen abierto, tenía, dos disparos en el pecho,
su suéter y sostén estaban en su torso y las pantaletas
se sostenían en una pierna. Vorpagel llamó a Robert Ressler
y le pidió que fuera a Sacramento para auxiliarlo en la cacería
del asesino.
Ressier
de inmediato acudió al forense a mirar el cuerpo de la víctima:
se percató de que en una de las rodillas la piel fue arrancada
y los ligamentos quitados o succionados, observó también
que los intestinos habían sido cortados y quedaban solamente unos
cuantos órganos. Ressler hizo una primera aproximación del
perfil psicológico del agresor: hombre blanco de entre 25 y 27
años. Apariencia desaliñada. Podría vivir muy cerca
del lugar del homicidio pues de otro modo los vecinos lo podrían
haber visto manchado de sangre, además nadie escuchó un
auto partir a gran velocidad; no ha tenido ningún tipo de relación
sexual, vive solo o quizá con sus padres, desempleado, esquizofrénico.
Dos
días después del homicidio de Terry, un hombre descubrió
tres cuerpos en una Suburban, a sólo unas cuadras de donde ocurrió
el primer asesinato; a los tres les habían arrancado los órganos
y amputado las piernas, mismas que habían sido dejadas a un lado
de las cabezas de los cadáveres, los cuerpos presentaban las mismas
características que en el caso de Terry. Los periódicos
publicaron el perfil hecho por Ressler. Una mujer llegó a la estación
y declaró haber visto que alguien abandonó la camioneta.
De inmediato fueron tras el hombre, que vivía, efectivamente, a
tres cuadras del lugar en que la camioneta fue encontrada. Su nombre:
Richard Trenton Chase, de 25 años de edad, blanco, con sólo
un año de secundaria. Vivía con su madre, la policía
le descubrió una pisto la calibre 72 y ropa manchada de sangre.
Antes
de asesinar a seis personasen enero de 1978, Richard se había inyectado
sangre de conejo y tuvo que ser recluido en un hospital siquiátrico.
Se quejó de que le robaron arterias pulmonares y que le habían
introducido algo en la cabeza.
Serial
vamps en el cine
Los
casos de Peter Kürten y Richard Chase dieron origen a un par de películas,
el primero es llevado a la pantalla por el cineasta Fritz Lang en la cinta
“M” con Peter Lorre interpretando al sádico de Dusseldorf
en 1931. “M” es considerada una de las grandes joyas y pieza
más que representativa del expresionismo alemán. Por otra
parte, el vampiro de Sacramento es retomado por el maestro del cine de
horror William Friedkin en1987; en el filme se muestra a un demacradísimo
Richard Chase introduciéndose en un suburbio Sacramento donde una
anciana y su treintañera hija no imaginan el horror que están
por vivir. Chase las apuñala una y otra vez hasta asegurarse de
que sus cuerpos quedan sin vida para posteriormente bañarse con
su sangre y extraer varios de sus órganos vitales y conservarlos
en una asquerosa bolsa negra.
Otros
casos sueltos:
En
1981 el norteamericano James Riva mató a su abuela con una escopeta
para después beber su sangre, insistiendo en que era un vampiro.
Jerry More, de Chicago, asesinó a su novia para beber su líquido
vital y obtener mayor fuerza. Se conoce de un caso en Filadelfia (1991)
donde se capturó a un joven de 28 años que mató de
un mordisco en la yugular a su novia. Este hombre estaba en tratamiento
médico debido a una rara enfermedad mental que derivaba en la hematofagia.
Kuno
Hoffman (1972) confesó el asesinato de una pareja en el interior
de un automóvil, sólo para beber la sangre de los infortunados
amantes. Hoffman aceptó haber profanado varios cementerios para
succionar la sangre de mujeres recién sepultadas.
En
México se recuerda que a principios de 2004, en un pequeño
pueblo michoacano se dio el caso de un hombre que asesinó de un
machetazo en la cabeza a su padre para después beber su sangre
y comer la masa encefálica que había quedado expuesta. Al
ser cuestionado sobre los motivos para cometer tal crimen, el acusado
declaró que su padre estaba bajo el embrujo de una sombra negra
que habitaba en su cabeza y que lo asesinó de esa forma para poder
extraerla y así salvar su alma.
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